
Cuidado con MSN
Es segunda vez que me pasa. Ya se están haciendo habitual los malos entendidos por culpa del bendito MSN. Pero el último supero todas las expectativas...
Eran las nueve y media de la noche y, como de costumbre, me conecté. Veo la lista de contactos “online” y me pongo a hablar. Cuando miro por segunda vez la lista me doy cuenta que está conectada una compañera de la U (que obviamente no voy a dar su nombre, pues no sé si a ella le gustaría compartir la historia) con quien me llevo muy bien y siempre bromeamos. El asunto es que se me ocurrió la “brillante” idea de escribirle palabras “cochinas” en inglés. Pero no cualquier palabras, sino unas dignas de película porno gringa, las palabras eran muy, muy fuertes.
Yo, el muy wea, juraba que la estaba haciendo de lujo. Es más, estaba orgulloso de mi peculiar ingenio. Sin embargo, nada resultó como yo pensaba. Resulta que mi amiga estaba en la casa de su nuevo pololo. Cuando digo nuevo, es nuevo, llevaba sólo dos días con él. Y más encima era él quien estaba en el PC.
Él, muy galán, y después de escuchar el típico sonido de cuando llega un mensaje, le dice “mi amor, te están hablando” y ella toda coqueta le contesta “quién es y qué quiere”. Pero cuando él vio las palabritas que estaban escritas casi se le cayó la cara. Es más, le dio vergüenza decirle lo que significaban. Quizás qué pensó el pobre. Tal vez que su nueva pololita no era una santa como el creía, porque no cualquier jil trata así a una amiga. Pero si existía ese jil y era yo.
Cuando me responde y me dice que su pololo leyó todo pensé “chuta que la cagué”. La verdad, quería hacer un hoyo y enterrarme. Me sentía como el forro. Lo primero que pensé fue: y si este weón es karateca y me va a sacar la cresta a la U o si por mi culpa patea a mi amiga. De una u otra forma, me iban a pegar igual. Así que entre la vergüenza y el temor empecé a pedir disculpas. No me quedaba otra. Como dice el refrán, soldado que arranca sirve para otra batalla. Así que me deshice en disculpas y perdones, repitiendo que nunca más, nunca más.
Por suerte, él no era ni karateca, ni milico, ni tira, ni nada de esas weas. Por suerte, porque si no, no estaría escribiendo esta historia. Resultó ser un joven bastante simpático y que se toma la vida con humor. Después me enteré que incluso se rieron con mi broma. Claro, después que ella le explicó que siempre tonteábamos, y que yo me disculpé como cien veces.
Desde ahora, antes de empezar el weveo por messenger me aseguro de estar hablando con la persona que corresponde. Gran lección, porque no estoy ni ahi con meter la pata nuevamente.
Eran las nueve y media de la noche y, como de costumbre, me conecté. Veo la lista de contactos “online” y me pongo a hablar. Cuando miro por segunda vez la lista me doy cuenta que está conectada una compañera de la U (que obviamente no voy a dar su nombre, pues no sé si a ella le gustaría compartir la historia) con quien me llevo muy bien y siempre bromeamos. El asunto es que se me ocurrió la “brillante” idea de escribirle palabras “cochinas” en inglés. Pero no cualquier palabras, sino unas dignas de película porno gringa, las palabras eran muy, muy fuertes.
Yo, el muy wea, juraba que la estaba haciendo de lujo. Es más, estaba orgulloso de mi peculiar ingenio. Sin embargo, nada resultó como yo pensaba. Resulta que mi amiga estaba en la casa de su nuevo pololo. Cuando digo nuevo, es nuevo, llevaba sólo dos días con él. Y más encima era él quien estaba en el PC.
Él, muy galán, y después de escuchar el típico sonido de cuando llega un mensaje, le dice “mi amor, te están hablando” y ella toda coqueta le contesta “quién es y qué quiere”. Pero cuando él vio las palabritas que estaban escritas casi se le cayó la cara. Es más, le dio vergüenza decirle lo que significaban. Quizás qué pensó el pobre. Tal vez que su nueva pololita no era una santa como el creía, porque no cualquier jil trata así a una amiga. Pero si existía ese jil y era yo.
Cuando me responde y me dice que su pololo leyó todo pensé “chuta que la cagué”. La verdad, quería hacer un hoyo y enterrarme. Me sentía como el forro. Lo primero que pensé fue: y si este weón es karateca y me va a sacar la cresta a la U o si por mi culpa patea a mi amiga. De una u otra forma, me iban a pegar igual. Así que entre la vergüenza y el temor empecé a pedir disculpas. No me quedaba otra. Como dice el refrán, soldado que arranca sirve para otra batalla. Así que me deshice en disculpas y perdones, repitiendo que nunca más, nunca más.
Por suerte, él no era ni karateca, ni milico, ni tira, ni nada de esas weas. Por suerte, porque si no, no estaría escribiendo esta historia. Resultó ser un joven bastante simpático y que se toma la vida con humor. Después me enteré que incluso se rieron con mi broma. Claro, después que ella le explicó que siempre tonteábamos, y que yo me disculpé como cien veces.
Desde ahora, antes de empezar el weveo por messenger me aseguro de estar hablando con la persona que corresponde. Gran lección, porque no estoy ni ahi con meter la pata nuevamente.